La anticoagulación puede mejorar el pronóstico de COVID-19

antecedentes

En pacientes hospitalizados con COVID-19, la tromboembolia, en particular la embolia pulmonar, ocurre con más frecuencia que en pacientes con otras enfermedades igualmente graves. Por ejemplo, en una serie de casos del Hospital Universitario de Lille en Francia, la incidencia de embolia pulmonar en pacientes con COVID-19 sometidos a cuidados intensivos fue aproximadamente el doble que en los pacientes con influenza que recibieron cuidados intensivos en la misma clínica. Las causas del aumento de la incidencia de tromboembolismo en pacientes con COVID-19 aún no se conocen. [1]

¿Consecuencias para la terapia?

Hay informes anecdóticos de que la anticoagulación sistémica puede mejorar el pronóstico de pacientes con COVID-19 gravemente enfermos. Aún así, el papel específico de la anticoagulación en el tratamiento de COVID-19 sigue sin estar claro. Para evaluar mejor la importancia potencial del tratamiento anticoagulante para la supervivencia de los pacientes con COVID-19 gravemente enfermos, se llevó a cabo un análisis retrospectivo de los registros médicos de los pacientes con COVID-19 que estaban hospitalizados en una de las clínicas del Mount Sinai Health System de Nueva York en Nueva York. La ciudad de York había sido tratada. [2,3,4]

El establecimiento de metas

El análisis debe mostrar si existe una conexión entre la anticoagulación sistémica y la supervivencia de los pacientes con COVID-19 gravemente enfermos. También se determinó la incidencia de sangrado en pacientes con y sin anticoagulación.

Métodos

El estudio observacional retrospectivo incluyó los datos de 2.773 pacientes con COVID-19 que fueron hospitalizados entre el 14 de marzo y el 11 de abril de 2020 en la asociación de clínicas del New York Mount Sinai Health System. Para evaluar el efecto de los anticoagulantes en la mortalidad hospitalaria se utilizó el modelo de Cox (modelo de riesgos proporcionales de Cox) y los factores edad, sexo, etnia, índice de masa corporal, hipertensión, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, diabetes tipo 2 y anticoagulación se utilizaron ajustados antes de la fecha de ingreso y hospitalización. No se hizo diferenciación entre administración oral, subcutánea o intravenosa.

Resultados

Alrededor del 28% (n = 786) de los pacientes recibieron tratamiento anticoagulante en dosis terapéuticas durante su estancia hospitalaria. Los pacientes que recibieron anticoagulantes posiblemente estaban más gravemente enfermos que los pacientes sin anticoagulación porque fueron ventilados con mayor frecuencia (29,8% frente a 8,1%; p ˂ 0,001). La anticoagulación se inició en promedio dos días después del ingreso al hospital. Duró una media de tres días. Con anticoagulación, 22,5% de los pacientes fallecieron en el hospital, sin tratamiento anticoagulante 22,8%. El tiempo medio de supervivencia fue de 21 resp. 14 dias.

Ventaja de supervivencia en pacientes ventilados

El riesgo de mortalidad hospitalaria disminuyó en un 14% con cada día de anticoagulación (índice de riesgo [HR]: 0,86 por día; intervalo de confianza [C] del 95%: 0,82–0,89; p ˂ 0,001). La ventaja de supervivencia del tratamiento anticoagulante fue particularmente evidente en los pacientes ventilados. Mientras que el 62,7% de los pacientes fallecieron sin anticoagulación, el 29,7% con tratamiento anticoagulante. Se produjeron complicaciones hemorrágicas en el 3% de los pacientes con anticoagulación, pero solo en el 1,9% sin tratamiento. Esta diferencia no fue estadísticamente significativa.

Conclusión

Desafortunadamente, del estudio no se pueden inferir indicaciones específicas para la anticoagulación en pacientes con COVID-19. De los datos se puede deducir que los pacientes anticoagulados tenían un tiempo de protrombina y un tiempo de tromboplastina parcial activada significativamente más largos, así como concentraciones aumentadas de lacate deshidrogenasa-4 activada, ferritina, proteína C reactiva y dímeros D que los pacientes sin dicho tratamiento. sin embargo, la indicación específica sobre la base de la cual los médicos tratantes iniciaron la anticoagulación no pudo ser extraída de los archivos.

Recomendación: estrategia de terapia individual.

Los autores del estudio interpretan su análisis en el sentido de que la anticoagulación sistémica puede mejorar el pronóstico en pacientes hospitalizados con COVID-19. Sin embargo, no recomiendan la anticoagulación de rutina, sino que abogan por estrategias terapéuticas individuales y una evaluación cuidadosa del riesgo-beneficio antes de usar el tratamiento anticoagulante.